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Cómo elegir con libertad lo que se quiere
A veces la sobreprotección y la falta de reflexión juegan malas pasadas.

Francisca Vargas V.
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La capacidad de tomar decisiones por uno mismo no siempre se da tan fácil. Claro, existen distintos tipos de decisiones, unas más triviales como qué pantalón visto, chaqueta o qué lápiz labial uso. Hay otras más existenciales, que van desde elegir una profesión, trabajo u oficio hasta si me caso o tengo hijos.

El saber elegir con libertad dependerá en gran parte del tipo de educación y formación emocional que se haya recibido desde la niñez.

"Tiene que ver con el grado de sobreprotección que hayamos recibido. Si nuestros padres siempre eligieron por uno y no nos dieron la opción de elegir en cada etapa de nuestras vidas, nos acostumbramos a que sean otros lo que eligen por uno", afirma el psicólogo Raúl Carvajal de Clínica Santa María.

El asunto es ir educando para que los futuros adultos aprendan a tomar decisiones sino se producen ciertas dependencias emocionales, cognitivas y existenciales.

"Hay quienes toman buenas e importantes decisiones en el trabajo pero en su vida personal son totalmente dependientes y no se atreven a decidir sin la ayuda de otro", sostiene.

Entonces a medida que pasa el tiempo la autoestima y los verdaderos intereses de esa persona se merman y pasan a segundo plano, y en cada situación van cediendo constantemente, por miedo o por temor a no ser queridos o aceptados, si es que no actúan como los demás quieren o esperan de ellos.

"Si no soy capaz tengo que pensar en qué me pasa, problematizar la situación y escuchar qué siento, porque cuando hago lo que los demás me dicen, me quedo con una cierta sensación de insatisfacción, de vacío y de inseguridad que me molesta, a pesar que no quiero darme cuenta, se siente igual y para aplacar esa sensación, le echo la culpa a otro de mi estado y me enojo o me entristezco", afirma.

Yo Elijo:

"Qué quieres aprender, qué quieres hacer de ti y de tu vida, cómo quieres comportarte, qué clase de personas quieres ser", son algunos de los cuestionamientos que el escritor, coach ontológico y consultor Jorge F. Méndez plantea en su libro "Yo elijo. Y tú, ¿te sientes libre de elegir?" (Zig-Zag, 2011).

El texto es una invitación a reflexionar sobre las oportunidades que la vida presenta y aprender a elegir y vivir de forma inteligente y libremente.

Lo primero que plantea es explorar la propia ceguera, darse cuenta que nadie sabe todo ni tiene la razón siempre y al hacerlo, reconocer ser ignorante y tomar conciencia de ello, para proyectar un futuro más iluminado y por tanto, tomar decisiones y actuar con determinación. Aunque los movimientos siempre serán lentos, porque se necesita procesar interiormente todo lo que se piensa, crea o se sienta que se deba hacer para conseguir un determinado objetivo.

"Es precisamente aquí, en la transición, donde la automotivación, el autocuidado y la autoestima de la persona serán sus mejores agente de seguridad; pues de nada habrá servido darse cuenta, tomar conciencia, decidir y pegar el salto, si no se crea el hábito de lo aprendido", sostiene.

Es decir, ensayo y error pero nunca dejar de avanzar, de cuestionarse y proponerse un nuevo futuro en todo ámbito de cosas: amor, familia, trabajo, sufrimiento, muerte, felicidad, resiliencia, humor.

El objetivo de Jorge F. Méndez es entregar herramientas para enfrentar relaciones, problemas y desafíos sin claudicar a disfrutar de la vida en forma libre y responsable y de paso, "tomar las riendas de la propia vida", con el objetivo de llegar a ser grandes personas, mejores padres, profesores, parejas, profesionales.

La idea que promueve es estar despiertos y renovar en cada momento las propias expectativas, tomando en cuenta la racionalidad y las emociones para elegir con sabiduría.

En ese sentido, propone preguntarse: "¿Para qué estás haciendo lo que estás haciendo? ¿Cómo podrías hacerlo virtuosamente? ¿Has armado tu árbol genealógico? ¿Sabes quiénes eran, qué hacían y cuáles eran las características de tus ancestros? ¿Eres de los que les pasa el celular a sus hijos para que se entretengan? ¿Cuánto hace que no armas puzzles con ellos, juegas al ajedrez o a las escondidas, o le inventas un cuento cargado de positividad? ¿Hay resilientes en tu familia, o en otra parte que conozcas? ¿Qué has aprendido de ellos? ¿Hoy te sientes merecedor? ¿Vives feliz o infeliz? ¿Estás seguro? ¿Eres libre de elegir o estás obligado a elegir y por tanto no te sientes libre?

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Yo elijo. Y tú, ¿te sientes libre de elegir?

Por Eduard Von Europa
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Autor:
Jorge F. Méndez es uruguayo, radicado en Chile desde 1997. Licenciado en Administración de Empresas; Life Success Coach y coach ontológico; conferencista internacional, consultor para organizaciones públicas y privadas; International Teacher de GS1 en Guatemala, docente universitario y articulista de Management del Diario Estrategia.

Argumento:
El libro explora el acto de elegir, como una posibilidad cierta y asequible de sabiduría frente a la vida. Desarrolla tesis de trabajo acerca de algunos temas fundamentales (libertad, amor, sufrimiento, resiliencia, muerte, felicidad, ser padres, entre otros) sin descuidar un estilo lúcido, que siempre sorprende y posee un agudo sentido del humor.
También, puede apreciarse como un texto funcional, para aquellas personas que buscan potentes herramientas, para enfrentar problemas y desafíos, sin enredarse, y sin perder la esperanza en lo bello y lo bueno de la vida.

Observaciones:
-Lo esencial, es que este texto ilumina la realidad cotidiana de forma práctica y cercana, con intensas reflexiones. Y sus capítulos son coherentes por sí solos y bastante cómodos para su lectura en cualquier lugar.

-Está dirigido a un público joven y adulto. Es un texto ideal para lectores con necesidad de una prosa clara y con poco tiempo.
-Puede considerarse como, una invitación para “tomar las riendas de la propia vida” -así de literal-, o bien para enriquecer nuestras decisiones con mayor virtud y confianza, “con el objetivo de llegar a ser grandes personas” .

-Un buen libro para enfrentar la vida con mayor determinación y valentía, en un mundo de relaciones humanas que a todas luces se muestra trastocado en sus valores, sin luces y carente de sentido.

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Comentario extenso:
En el arte de vivir y de disfrutar la vida, con la aspiración de ser máximamente libres y responsables de nosotros mismos, Jorge F. Méndez tiene un lugar en la literatura de Autoayuda. El año 2009, el autor publicó su primer libro: “Convéncete y Sedúcelos” (Autoedición), orientado a la superación personal y al mejoramiento de las relaciones con quienes nos rodean, con especial énfasis en la idea de ir recuperando la dimensión humana tanto en el trabajo como en la vida.

Jorge F. Méndez nos presenta ahora, su nuevo libro: “Yo elijo. Y tú, ¿te sientes libre de elegir?”; que ha sido publicado por Editorial Zig – Zag. Este ejemplar, presenta un agradable diseño, en el que destaca un color verde que sugiere prosperidad, y en su portada, tiene la imagen de un tablero con piezas en suspenso, a punto de lo que parece ser una jugada crucial; bueno, ambas analogías resultan del todo elocuentes, especialmente porque desde las primeras líneas se nota una prosa franca, sagaz, rica en experiencia y significado. Ahora bien, apreciar este escrito sólo como un manual de herramientas de coaching, sería un poco precipitado y no se le haría justicia, a la sabiduría personal que el autor desea compartir con los lectores. Por otro lado, seguro llamará la atención que el autor cite a muchos intelectuales y sabios, no obstante ello, las menciones se respaldan porque siempre aportan mayor coherencia, a un texto bien interesante, cohesionado, y de una indiscutible actualidad.

Los temas del índice, abordan las mismas reflexiones de las que ya se hacían cargo los antiguos, a saber: la libertad, lo perfecto y bello, el amor, la muerte y la felicidad. Incluso, hay capítulos dedicados a debates antropológicos en torno a los propios avatares de la vida humana, a la elección de ser padres, al crecimiento emocional e intelectual frente a los problemas, entre otras cosas. En este sentido, los capítulos resultan claros y certeros, y también se les puede considerar como unidades funcionales y autónomas; señal idónea para una lectura confortable en cualquier momento. Lo anterior, se manifiesta en un estilo sin pretensión de respuesta última, con una constante invitación al diálogo franco y directo, que a veces puede generar desconcierto, pero que pronto se descubre en su haber más íntimo: tener mayor claridad con el objetivo de llegar a ser grandes personas, mejores padres, mejores profesores, mejores en nuestros lugares de trabajo. Son capítulos que, de una forma bastante creativa y nunca coercitiva, van iluminando la realidad cotidiana, apelando a que estemos despiertos en relación al lugar en el que estamos vivos, como una oportunidad de vivir con mayor fuerza de voluntad y renovadas perspectivas. Es preciso señalar que, la mayoría de las reflexiones propuestas, no desconocen la importancia ni de la racionalidad ni de la emoción, y asimismo, éstas se remitirán en lo necesario a la consciencia, es decir, a la cuestión antiquísima de conocerse a sí mismo y elegir con sabiduría.

El libro, no comienza con la máxima de un gurú, quien dispone de un monólogo pre establecido y generalmente dirigido a un público masivo, a un “ustedes”. Aquí, el autor comienza apelando al “tú”; reconoce de forma inmediata al otro en cuanto que otro. Él escribe: “A ti te hablo en este libro.” Luego, comprende que esto es un diálogo, no un mero discurso estético, no palabras al viento de una típica charla motivacional. Más bien, se hace cargo de una enumeración de situaciones difíciles, se presenta sensible al sufrimiento del otro, reconoce que hay reclamos legítimos frente a las injusticias, dolor, angustia, y muchas veces, situaciones para cuestionarse el sentido de la existencia, pero he aquí que señala una fórmula para tener a mano durante este viaje, y arremete con una primera hipótesis de trabajo; constata una grave ceguera cognitiva, que no nos permite el auto reconocimiento, y menos aún el reconocimiento del otro. En consecuencia, en el capítulo “Una fórmula para tener a mano durante este viaje…” (pág. 14), establece tres etapas cardinales, que se van explicando de una forma minuciosa, a saber: la toma de consciencia, la toma de decisión y la toma de determinación.

Las tres etapas aludidas, son, en algún sentido, la mayor garantía para el proceso de búsqueda de la libertad que propone el autor, o en términos de Dostoievski, para que esta búsqueda derive, al final, en una libertad “para ser ejercida de forma radical”.

En otro matiz, el sentir dialógico planteado ya en el título, se manifiesta en agudos análisis –y posterior epílogo- acerca de la inteligencia humana, específicamente, en el capítulo “Elige vivir de forma inteligente” (pág. 20). En este punto, el autor coloca un sano obstáculo al lector: que no base su inteligencia sólo en la propia felicidad, sino que elija vivir inteligentemente. Es de esta manera, que se subentiende una introducción hacia lo cualitativo de la inteligencia, hacia lo diverso, hacia una concepción de una inteligencia en constante movimiento, susceptible de un buen entrenamiento y pendiente de un deber de responsabilidad por quienes nos rodean. Por eso, parece razonable que el autor exponga el trabajo de eximios psicólogos estadounidenses, tales como el Pr. Howard Gardner (y su Teoría de las Inteligencias Múltiples), o el Pr. Robert Sternberg (y su estudio de la inteligencia en tres niveles: ‘analítica, creativa y práctica’), aunque en estas observaciones, debe admitirse que el “Triángulo de la Inteligencia” diseñado por Méndez resulta notable, principalmente en las sociedades actuales, en las que abunda la paradoja de ver a profesionales brillantes que, pese a la acumulación de sus conocimientos, no son capaces de resolver temas trascendentales relacionados con la familia, trabajar en equipos multidisciplinarios en la empresa, ayudar a otras personas, o de efectuar la aparentemente sencilla tarea de hablar en público. En estos análisis, seguro el lector disfrutará mucho discernir –con más de una sonrisa- por qué se proponen los siguientes arquetipos: los inteligentes intelectuales y los inteligentes prácticos.

La lectura va tomando mayor sustancia, y se agradecen las apreciaciones antropológicas en las que, el hecho de “elegir vivir como una gran persona”, también puede ser considerado como una elección consciente. Claro, en un mundo de relaciones humanas con valores alterados, -que el autor proponga una perspectiva ética en la que plantee que se puede alcanzar plenitud en la entrega sincera a sí mismo y a los demás-, parece demasiado optimista e ingenuo; pero, Méndez va con paso firme en la búsqueda de una libertad bien vivida.

En los capítulos que siguen, “Elige vivir como una gran persona” (pág. 34), “La elección consciente y automática” (pág.44) y “Elige la libertad” (pág. 50), la prosa toma mayor profundidad, lo que denota mayor madurez, -respecto del primer libro escrito por Méndez-. El autor aquí evidencia que hace bastante tiempo las posibilidades humanas son cada vez mayores, y que la propuesta del mercado intelectual (no sólo en temas filosóficos), sino que también teológicos, psicológicos y sociales es enorme, especialmente en sociedades abiertas y con diálogo intercultural. Sin embargo, la mención anterior no es para nada antojadiza, porque no escribe para llegar a una burda elección, -como quien va al supermercado a tomar cualquier producto-, sino que va por aquella sublime posibilidad de elección, va por aquella auténtica búsqueda de la verdad –aunque a veces lo diga entrelíneas-. La tesis principal, de acuerdo con esta interpretación, se explica en la voluntad de elegir (o en el sentido de la proairesis aristotélica, en cuanto que libre albedrío). La novedad de la proposición del autor, radica en una concepción en la que esta condición puede ser también “facultad de inventar nuevas acciones”, -así de original-; de modo que interpela al lector a la disyuntiva categórica de abrirse a la posibilidad de aprender o no, de amar o sustraerse del amor, en circunstancias que siempre se presentan o bien, contrariedades, engaños, situaciones donde la voluntad está o bien, caminos fáciles, engaños y medias tintas. Vale decir, remite a un sentido de la consciencia en el que podemos emplear la libertad de forma radical, para mejorarnos como personas y para enriquecer a quienes nos rodean ya de forma definitiva, –sin desconocer los límites de sus propias facultades o el entorno-; en el fondo, los extensos análisis planteados apuntarán esencialmente a la idea de que “lo que llegue a ser comprende una construcción personal”.

En relación a las inquietudes ya expuestas, la lectura luego invita al capítulo “Elige la impecabilidad (pág. 66), que presenta un modelo ético o marco referencial para la citada tesis de vivir la libertad. Méndez fundamenta esto, destacando tres aspectos cruciales: la confianza, la actitud y la excelencia. Es muy probable que el autor esté otorgando una garantía aparte, -una vez expuesto el capítulo “Elige la libertad” (pág. 50)-, puesto que en las relaciones humanas actuales se hace ostensible que el hombre se ha desorientado muchísimo respecto de las directrices de lo bueno y lo malo, y se ha puesto, peligrosamente, como centro de todo. Así las cosas, se señala que vivir la impecabilidad redundaría en un vivir honesto (que aprecia el tiempo como condición importante), que prescinde -donde media la voluntad- de las corrupciones que proliferan por todos lados, en una actitud positiva, pacífica, y responsable en el más amplio sentido de la palabra.

Habría que destacar un detalle no menos importante, este es, que en dicha sección, hay una buena señal; cuando el autor se reconoce de carne y hueso, es decir, dice explícitamente que no pretende ser ni demagogo ni predicador. Aunque siguiendo el curso de las ideas, bien podría decirse que esta impecabilidad, en efecto, redunda en un fundamentalismo –cuestión que puede provocar escándalo-; se trata de un fundamentalismo de vivir alegres, serviciales y agradecidos de la vida; creo que el autor no tiene mayores problemas en declararse culpable de esto.

La prosa sugiere nuevos capítulos, como por ejemplo “No elijas las quejas” (pág. 82), en el que se dan varios palos –merecidos- a la televisión actual por cuanto puede transformarse en un elemento más deshumanizador que una herramienta para crecer como persona, y en el que se apunta a discriminar entre lo que significa una queja y lo que implica la legitimidad de un reclamo. Posteriormente, aparece el capítulo “Elige al copiloto de tu vida” (pág. 90), donde se pueden encontrar 17 planas para poder inspirarse en el amor, o si se requiere, conseguir algunas sugerencias para salir de relaciones destructivas, tormentosas, o que no van para ningún lado.

No es posible olvidar, el capítulo “Elige ser papá o mamá” (pág. 108). Eso sí, hay que realizar una advertencia: pierdan la esperanza los lectores que quieran una receta para saber cómo ser buenos padres. Porque aquí se encontrarán más bien con desafíos potentes y hábiles preguntas, que pueden llegar a servir más que una simple respuesta. ¿Acaso no hacía eso Sócrates con la Mayéutica hace más de 2400 años? Bueno, de eso va el ejercicio. Tampoco hay que descuidar, “Elige la felicidad” (pág. 120) con sus ocho declaraciones fundamentales, que despiertan, motivan, hacen soñar, exploran lo absurdo de algunos paradigmas y más bien se orienta a fortalecer a la persona humana, en su dignidad, en sus causas finales.
Mención especial precisa el capítulo “Elige la resilencia” (pág. 148), que lleva la ilustración de una mariposa. El autor entiende que hay adversidades, callejones sin salida (aporías), y sufrimientos humanos (de hecho, realiza una casuística en la que se puede prever y estudiar el contenido del concepto resilencia), y coloca una referencia atingente al lenguaje como factor de transformación de la realidad en una mejor, más sana.

Los tres últimos capítulos, estos son: “Fin del viaje: el comienzo de una nueva vida” (pág. 168); “La historia de Juan y María” (pág. 172) y Bonus Track: Y tú, ¿te sientes libre de elegir? (pág.188), conforman la síntesis del libro y su visión sapiencial. Por un lado, puede apreciarse un desarrollo coherente de varios de los sentidos en los que puede aplicarse la afirmación “Yo elijo”. El lector se sentirá interpelado, -a veces de forma muy sutil, otras de forma muy tenaz-, y siempre conducido de lo más sensible a lo más trascendental, de lo más tangible y cotidiano a lo más metafísico. Por otro, los amplios horizontes que la elección consciente –aquella cuya lucidez radica en arriesgar con entereza- propone, para una autorrealización intelectual, emocional y espiritual. Todo lo anterior, adhiere con la historia de vida los padres del autor (Juan y María), que son la verdadera inspiración de este libro, y de suyo nos remiten a las ideas que constituyen el leitmotiv del autor; que el crecimiento individual y la legítima búsqueda de la felicidad, en momento alguno deben desentenderse del otro en cuanto que otro (su cimiento es el aprecio ontológico de la dignidad humana); que existe un amplio margen de construcción personal para elegir con sabiduría y que en definitiva la verdadera libertad radica en una elección voluntaria y consciente, en lo posible para dejar este mundo “mejor de como lo encontramos”.

 

Nota al pie:
Aristóteles llamó “proairesis” a la voluntad de elegir o libre albedrío. La cita original del libro es: “el libre albedrío es la facultad de inventar nuevas acciones.”

Según Aristóteles, el deseo (a nivel emocional) y la razón (a nivel intelectual) impulsan una elección que se transforma en acción. Según este filósofo griego, el razonamiento y el deseo tienen que ser buenos para que las acciones también lo sean. En ocasiones, conforma una contradicción, puesto que no siempre la razón razona lo que el deseo quiere. No obstante, el acto de proairesis permitiría a un ser humano voluntariamente (que es la capacidad que poseen los seres humanos de mover algo (también llamado poder) de una forma intencionada y consciente. Por tanto, si es voluntario y consciente es en plena libertad.
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